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Francois Mauriac

Thérèse Desqueyroux

  • Dianela Villicaña Denahas quoted3 hours ago
    No se puede decir que ponga mala voluntad —decía Balionte a Balion—. Hace lo que puede. Monsieur Bernard sabe cómo enderezar a los perros malos. ¿Sabes, cuando les pone el «collar de fuerza»? A esta no ha tardado en volverla una perra sumisa. Pero igualmente haría bien en no fiarse…
  • Dianela Villicaña Denahas quoted11 hours ago
    —Ya que la veo… le comunico que mi presencia aquí ya no es necesaria. Hemos sabido crear en Saint-Clair una corriente de simpatía; la creen, o fingen creerla, un poco neurasténica. Se comprende que prefiere vivir sola y que yo la venga a ver a menudo. En adelante la dispenso de la misa…
  • Dianela Villicaña Denahas quoted13 days ago
    La voz de Thérèse se elevó:
    —No hubo víctima.
    —He querido decir: víctima de su imprudencia, señora.
  • Dianela Villicaña Denahas quoted13 days ago
    El éxito de público y crítica de El desierto del amor (1925), así como el Gran Premio de Novela que le otorga la Academia Francesa en 1926 afianza, a sus cuarenta años de edad, la labor literaria de Mauriac, en la que pocos de sus allegados confiaban —«algunos miembros de mi familia empezaron a creer que entraba dentro de lo posible el que yo llegase a hacer lo que se llama una buena carrera» (OC, v. I, pág. ١٢)—.
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    hablaba y hablaba para no tener que intentar oír nada, casi siempre anécdotas siniestras de los aparceros que cuidaba, a los que velaba con una lúcida devoción: viejos abocados a morir de hambre, condenados al trabajo hasta la muerte, enfermos abandonados, mujeres esclavizadas por extenuantes tareas. Con una especie de alegría, tía Clara citaba en su dialecto inocente sus palabras más atroces. En realidad, solo me quería a mí, que ni siquiera la veía ponerse de rodillas, desatarme los zapatos, quitarme las medias, calentarme los pies con sus viejas manos»
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    ¿No sientes que la vida de la gente de nuestra clase se parece terriblemente a la muerte?
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    Ella había contado los meses hasta ese nacimiento, hubiera querido conocer a un Dios que le concediera que esa criatura desconocida, mezclada aún con sus entrañas, no se manifestara jamás.
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    Una noche en París, donde se detuvieron en el camino de regreso, Bernard salió ostensiblemente de un music-hall cuyo espectáculo lo había escandalizado: «¡Pensar que los extranjeros ven esto! ¡Qué vergüenza! Y es por esto, por lo que nos conocen…».
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    Si ellas no tienen nada más en común, al menos que tengan esto: el hastío,
  • Emanuel Bravo Gutiérrezhas quoted7 months ago
    Es una verdad increíble que, en los albores puros de nuestras vidas, las peores tormentas ya estuvieran anunciadas. Mañanas demasiado azules: mala señal para el tiempo de la tarde y la noche. Anuncian parterres destrozados, ramas rotas y todo ese fango.
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